Cinco Etapas, Una Competencia
El RMM 12 se prepara para desplegar una travesía que combina disciplina, historia y automovilismo de colección. La edición 2026 reunirá a los competidores en un recorrido de cinco etapas, diseñado para poner a prueba la regularidad, la constancia y la capacidad de afrontar los distintos caminos del sureste. Cada kilómetro será un umbral a superar, cada ciudad un escenario donde la competencia encuentra un nuevo matiz.
Este rally se explica en plural. Es, al mismo tiempo, museo rodante, escaparate cultural y prueba automovilística. La ruta del RMM 12 está trazada para que los participantes enfrenten territorios desafiantes: desde la sierra de Chiapas hasta el Caribe mexicano, pasando por selvas, carreteras costeras, campos agrícolas y circuitos urbanos. No se trata únicamente de llegar a la meta, sino de dominar cada etapa con la precisión que exige la regularidad.
Etapa 1 – Palenque → Calakmul (358 km)
La resistencia inicial.
El inicio del RMM 12 está marcado por la energía de la inauguración en Palenque. Los registros, la cena de apertura y la visita a la zona arqueológica preparan el ambiente. Pero la verdadera llamada comienza al encender motores rumbo a Calakmul.
La primera etapa se extiende a lo largo de 358 kilómetros, convirtiéndose en la más larga de esta edición. Palenque, enclavado en la sierra norte de Chiapas, representa un punto de partida de altura y exigencia. Desde ahí, los competidores ascienden desde los 60 msnm de Palenque hasta los 327 msnm de Calakmul, atravesando un cambio de escenario que conduce de un terreno serrano hacia las Tierras Bajas del sureste de Campeche, en la región del Petén.
La exigencia aquí es doble: administrar la energía de la tripulación en un tramo largo y mantener la regularidad en caminos que se transforman. Al llegar a Calakmul, el entorno arqueológico y natural funciona como un recordatorio de que la competencia no se mide solo en kilómetros recorridos, sino en la capacidad de sostener el temple desde el arranque.
El cierre de la jornada llega con el Festival de las Paellas y la premiación de la etapa, un respiro necesario antes de enfrentar el siguiente reto.
Etapa 2 – Calakmul → Campeche (279 km)
De la selva al Golfo.
La segunda etapa conecta la selva con la costa. Con 279 kilómetros de recorrido, los competidores deben transitar por una de las vías más concurridas de la península: la carretera Villahermosa–Chetumal y la ruta Ciudad del Carmen–Campeche. Ambas son arterias federales de alto flujo, donde los pilotos enfrentan tráfico constante y condiciones que exigen atención plena.
Si la primera etapa fue resistencia, esta es pericia. La regularidad se vuelve más compleja al convivir con un tránsito impredecible. El mar aparece en el horizonte como acompañante: el Golfo de México bordea parte del trayecto, añadiendo la sensación de amplitud, pero también la necesidad de mantener el enfoque.
El destino, San Francisco de Campeche, recibe a las tripulaciones con su carácter histórico y su ubicación estratégica. Aquí la competencia se equilibra con cultura y gastronomía, pero lo central queda claro: dominar la transición de la jungla al litoral es un paso clave para mantenerse en carrera.
Etapa 3 – Campeche → Chichén Itzá (349 km)
Constancia en el corazón agrícola de Yucatán.
La tercera etapa lleva a los competidores a internarse en el paisaje agrícola de Yucatán. Son 349 kilómetros que atraviesan el anillo de cenotes y la zona Puuc, entre carreteras rurales y caminos estrechos.
Este tramo se convierte en un examen de constancia. La regularidad aquí no depende de autopistas amplias ni de tramos fluidos, sino de la habilidad de las tripulaciones para adaptarse a un tránsito local diverso: vehículos agrícolas, poblaciones intermedias, cruces inesperados. Es la segunda etapa más larga y, por ello, una de las más exigentes.
Llegar a Chichén Itzá no es un simple arribo, es un símbolo. La zona arqueológica, reconocida mundialmente, se convierte en telón de fondo para la premiación de las etapas 2 y 3. El espectáculo de Noches de Kukulkán añade dramatismo a la jornada, recordando que la competencia convive con la herencia cultural. Aquí las tripulaciones aprenden que dominar el camino no solo implica habilidades técnicas, sino también disciplina frente a lo imprevisto.
Etapa 4 – Chichén Itzá → Cancún (221 km)
El reto de la regularidad pura.
La penúltima etapa marca una diferencia radical. Los competidores enfrentan 221 kilómetros de autopista de cuatro carriles, una de las más transitadas de México. La amplitud del camino ofrece comodidad aparente, pero en el contexto de la regularidad se convierte en una trampa: la tentación de acelerar más allá de lo permitido está siempre presente.
Aquí el desafío es mental. La pista favorece la fluidez, pero ganar en regularidad implica sostener un ritmo preciso y medido. La disciplina técnica es más importante que la velocidad. Esta etapa no busca sorprender con paisajes, sino demostrar que incluso en un entorno controlado, el dominio exige concentración total.
La llegada a Cancún representa un cambio de atmósfera: del silencio de los tramos rurales al dinamismo del Caribe mexicano. Sin embargo, el rally aún guarda una última prueba antes de concluir.
Etapa 5 – Circuito Cancún (107 km)
El cierre urbano de la travesía.
La última etapa es breve en distancia, pero no en significado. El circuito Cancún, con 107 kilómetros, lleva a las tripulaciones por las vecindades de la ciudad, visitando Puerto Morelos y culmina en Cancún. Aquí, el entorno urbano añade un tipo distinto de desafío: tráfico cambiante, cruces constantes, y la presión de saber que cada segundo cuenta antes de la clausura.
El circuito funciona como cierre simbólico de la travesía: un recorrido final que exige precisión en medio de la complejidad urbana. Cruzar la meta en Puerto Morelos no es solo completar un tramo, es haber recorrido todo un proceso de competencia que unió cinco territorios en un solo trayecto.
La cena de clausura, presentada por Porsche, se convierte en el escenario donde se celebra la conclusión de la competencia. Los competidores dejan de ser rivales en ruta para convertirse en parte de una comunidad que comparte un mismo legado: haber enfrentado la ruta completa del RMM 12.
2026 el reto se incrementa.
El Rally Maya México 12 está diseñado como una secuencia de pruebas que, unidas, definen la esencia de la competencia de regularidad. Cada etapa presenta un carácter distinto: resistencia, pericia, constancia, disciplina mental y precisión urbana.
No se trata de un recorrido turístico ni de un itinerario casual: es una competencia que convierte caminos en exámenes, kilómetros en logros y metas en símbolos de dominio.
El RMM 12 es disciplina, resistencia y cultura en movimiento. Y la ruta 2026 está lista para ser recorrida.
Las inscripciones ya están abiertas. Únete a la competencia y sé parte del Rally Maya México 12.
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ALMANAQUE RMM

Ford T 1922 y Morgan 1968.

Ferrari 308 GTS 1978.






